Cultivo las letras inspirado por la belleza y en ellas me sumerjo para buscarte; desde allí te hablo con la certeza de no resultar inmune a tu corazón que se acompasa con mi latir trayéndote hasta mí. Grita fuerte para que oiga tu pensar, piensa intenso para que escuche tu sentir.



lunes, 21 de noviembre de 2011

Adicción (fragmento)



Te recibí vestido de negro, en la puerta de la finca y después de intercambiar saludos te guié sin dejar de hablar por el camino empedrado, posando la mano en tu hombro para avisarte cada vez que un escalón o canto más elevado que el resto, te amenazaba con la posibilidad de un tropiezo o una caída inesperada

Un sutil aroma a sándalo se iba densificando con la misma cadencia que nuestros pasos  y flotaba invisible mezclándose con el aire que nutría de oxígeno nuestras células haciéndose cada vez más penetrante.

Entré delante de ti, para señalarte el recorrido, en una sala de espera en la que una mesa octogonal de madera con cuatro sillas dispuestas a su alrededor, sobre las que descansaban sendos cojines de lana; una docena de títulos enmarcados de los distintos cursos que había realizado sobre anatomía, osteopatía, masaje y otras prácticas manuales; varias fotografías con personajes de distinta índole pero con fama reconocida, y una lámpara sencilla imitando a viejo componían la sobriedad de su decoración.

Tras atravesarla, accedimos a la sala por una puerta arrinconada a la izquierda que en otros tiempos sirvió de cancela a una cuadra. Ahora el perfume a sándalo era constante, más denso, se podían ver nubes de aroma al trasluz de la ventana que quedaba enfrentada a la entrada…

Juan Carlos Saceda

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